En la mayoría de los casos no somos conscientes de cuánta energía desperdiciamos. Lo que busca la eficiencia energética es consumir sólo la energía necesaria sin que ello disminuya la calidad de vida, o la calidad de los procesos cuando se trata del ámbito laboral.

Teniendo en cuenta la situación actual en cuanto a precios y problemas medioambientales, concienciarse sobre la eficiencia energética es más obligatorio que opcional. Sobre todo si se trata de las pymes, que son quienes presentan mayores dificultades económicas y necesitan recortar los costes derivados del consumo de energía.

Lo más importante es que ser eficiente en términos energéticos no implica limitar las acciones, sino que es realizar las mismas actividades pero reduciendo el consumo. Hay normativas internacionales que desarrolla la ISO (International Organization for Standardization) que nos dan las pautas para asegurar esa eficiencia, como por ejemplo la ISO 50001.

El uso de la energía es algo clave en la cuenta de gastos, pero cuando se siguen normativas como la ISO 50001, se está optimizando y gastando menos a la vez que se reducen las emisiones. De esta forma, se hace un uso sostenible de la energía y es más pequeña la huella de carbono.

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Medidas de eficiencia energética

La locura del encarecimiento de la energía eléctrica, e incluso del gas, ha provocado muchos dolores de cabeza tanto a particulares como a empresas. Sobre todo en el caso de estos últimos, son los que más se preocupan por reducir sus consumos, estudiando todas las posibilidades para lograr recortar gastos.

En el caso de los particulares, es lo que se hace por ejemplo cuando se compra un frigorífico o una lavadora que tiene una etiqueta energética A. que reduce el consumo hasta en más de un 50%. Pues la idea es aplicar esta filosofía también a las empresas.

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Y paralelamente hay una lucha contra el cambio climático, la emisión de gases y el ahorro energético, ya sea por verdadera concienciación o porque hoy en día es algo que se valora mucho de la imagen de cualquier marca.

Una transición energética planificada

Para lograr una eficiencia energética hay que hacer un estudio de los consumos: de qué materia se trata, cuál es el orígen, gasto medio… Y desde ahí buscar soluciones que pueden pasar por la posibilidad de cambiar de comercializadora para pagar menos, o por tomar medidas invirtiendo en que las instalaciones sean más eficientes.

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Además, conviene analizar los procedimientos productivos de la empresa porque siempre hay un margen de mejora mediante métodos de trabajo más modernos.

Reducir la cantidad de energía

Algunas empresas se resisten a hacer este ejercicio porque piensan que va a suponer mucho gasto. Pero por lo general ese cambio no cuesta tanto, sino que pasa por soluciones tan sencillas como sustituir una iluminación convencional por una con luces LED. De esta forma, conseguimos rebajar el consumo, aunque también se podría optar por renovar una maquinaria obsoleta por otra que consuma menos. Todo ese tipo de gestos supone una diferencia de gasto de energía que se refleja en la factura.

Definitivamente la eficiencia energética no es algo complejo, pero quizás habría que simplificar el mensaje. Probablemente, lo mejor para que el mensaje cale sea hablar de un ahorro en la factura traduciendo los kilovatios a euros. Es la manera en que todos entienden realmente el mensaje del doble objetivo al que se quiere llegar.

Optimizar el consumo

Cabe recordar que la eficiencia no es más que un intento de utilizar menos energía mientras se realizan las mismas actividades. Es optimizar el consumo pero manteniendo los niveles de confort y de servicio. Se trata en definitiva de consumir energía de manera inteligente.

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