El pasado 26 de julio, el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera sufrió un incendio en el entorno de la Laguna Cenagosa y Cueva Morenilla. Fueron más de 24 horas en las que un total de 52 medios, 5 de ellos aéreos, y 220 personas participaron en la extinción del incendio forestal.

Ahora, más de 4 meses después, los visitantes que pasan por la zona afectada están pudiendo comprobar de primera mano que las consecuencias del incendio sufrido siguen latentes, sobre todo en días muy lluviosos como los de la última semana.


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Las cenizas que se acumulan en el entorno de la Laguna Cenagosa están alterando la composición del suelo forestal, provocando su impermeabilización y que repela el agua, lo que aumenta el riesgo de corrimientos de tierras e inundaciones y acelere la erosión. Según un estudio de la Universidad de Vigo, estos suelos adquieren un carácter hidrofóbico que repele el agua y provoca una erosión acelerada.

Además, no solo estarían afectados los suelos por los que pasó el fuego, sino también los cercanos puesto que, según un estudio del ‘Desert Research Institute’ de EEUU, los humos fríos provocados por el agua para apagar las llamas también provocan esta hidrofobia.

Cristina Santín, investigadora de la Universidad de Oviedo y coautora del estudio publicado por la revista ‘Catena’, cree que los incendios forestales son «las principales causes de erosión y destrucción del suelo, con las consecuencias medioambientales que ello implica». Esto se ha podido comprobar en otras zonas de España como en la región Atlántica o en la Cordillera Cantábrica.

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