María Rozalén (Albacete, 1986) vive un momento dulce. Está inmersa en una exitosa gira tras un año duro de pandemia y su voz es requerida por numerosos artistas. Durante este mes de agosto no podían falta conciertos en su querida tierra castellanomanchega para presentar su último disco, ‘El árbol y el bosque’.

La albaceteña siempre tiene en mente sus inicios. Su primer concierto como cantautora lo hizo en el conocido festival benéfico Operación Bocata, organizado en la Caseta de los Jardinillos de su ciudad.

Por eso, volver a Albacete y otros lugares de Castilla-La Mancha siempre es especial. «No dudes que es especial tocar en sitios como estos. Cuenca me vuelve loca y me ha regalado muchas cosas, Mota del Cuervo también. En Albacete va a ser mi primera vez en la Plaza de Toros. Mi primer concierto de Extremoduro fue ahí. De Sabina, de Fito, de Vetusta Morla… Ahí he visto a todos mis ídolos.

«En el Viña Rock y en la Plaza de Toros han sido mis conciertos gordos. Estoy súper ilusionada, cagada, quiero estar a la altura de la gente que he visto ahí. Me pongo más emotiva, más nerviosa que en ningún otro lado, porque es mi casa y donde me he criado», afirma.

Rozalén no oculta su felicidad por poder estar de gira. «Mi familia me lo dice, en las fotos estoy sonriendo todo el rato. A mí me costaba antes mostrar mi sonrisa y ahora no se me va porque necesitaba cantar. Tenía una pena dentro… pero ahora soy mucho más consciente de que me sano mucho cantando. Y que me sienta muy bien al cuerpo y al alma».

«No he parado en esto tiempo pero lo que más disfruto de mi trabajo es girar con todo el equipo, subir al escenario y que te pasen cosas, encontrarte a la gente o el feedback con el público. Es algo que roza lo mágico. Hay momentos de pelos de punta, maravillosos y que no se pueden explicar. Es normal que se me vea feliz porque lo estoy», comenta.

LA ERA DEL COVID

La escena habitual de estas fechas, no obstante, sigue dejando situaciones diferentes. Mascarillas, conciertos sentados y con menos aforo de lo habitual. «La gente está más contenida pero también más sensible. Creo que la gente llora mucho más para sacar fuera todo lo malo. Quizás se pasa peor en la parte del concierto más bailable porque estar sentado en una silla es complicado. Pero la gente es muy creativa, hemos visto verdaderos bailes en la silla, mucha euforia y escuchamos cantar mucho aún con mascarillas», indica.

«Sí que veo que hay más esperanza, aunque sea más difícil ir a un concierto así y por eso lo agradecemos el doble. La gente tiene la sensación de ver la luz al final del túnel y noto más esperanza y disfrute», añade.

La vida de Rozalén ha cambiado de forma radical durante los últimos años. De ser una persona casi anónima a ser reconocida allá donde va. «Es muy difícil de llevar. Te mentiría si te dijera que todo es maravilloso. Porque sientes el ojo crítico siempre encima. Entras a un sitio y pareces la novia de la boda, todo el mundo se gira. Como manchega y albaceteña buena que soy, me lo tomo con bastante humor de todas maneras», cuenta.

En todo caso, se muestra agradecida y dispuesta con los fans. «Yo si voy a la Feria de Albacete, por ejemplo, sé que es dar dos pasos y hacerme 500 fotos. Si voy es sabiendo lo que me toca. Y eso en realidad no es malo. Si les apetece pedirme una foto en realidad es algo positivo. La gente creo que me trata muy bien. Se acercan con cariño. Muy pocas veces me he negado a hacerme una foto, y hasta en condiciones que no debería habérmelas hecho, encontrándome mal».

«SEGUIRÉ DICIENDO LO QUE NO ME PAREZCA JUSTO»

Tanto en sus canciones como en intervenciones públicas o en redes sociales, la artista albaceteña se ha caracterizado siempre por su compromiso social. Y no parece que tenga intención de callarse por miedo a que le afecte a su carrera. Sí se calla cuando le falta información.

«Cuando hablo de memoria histórica, feminismo u otras cosas que creo que tengo defender porque me parecen justas, yo estudio mucho, leo mucho para poder opinar. A mí cuando me preguntaban por el conflicto de Cataluña contestaba que me faltaba información y creo que no tengo que saber de todo», dice.

Reconoce que «por hablar» hay que gente que le ha dejado de escuchar. «Pero prefiero que la gente que me escuche me quiera libre. A lo mejor lo que ganas ahí es calidad de público, más que cantidad. En mi caso creo que viene mucha gente a verme de otras ideologías. Lo que sí creo es que lo que digo lo digo con respeto y cariño. Creo que seguiré diciendo lo que no me parezca justo. Me han asimilado con unos partidos y otros pero yo jamás de los jamases habré dicho a quién voto. Defiendo ideas, conceptos. Sobre todo lo que tenga que ver con lo social», añade.

Algunas de sus canciones han llegado a ser usadas en colegios por sus mensajes. «Las primeras veces que veía que empezaban a usar ‘La puerta violeta’, ‘Girasoles’ o ‘Vivir’ me alegraba pero por otro lado pensaba en la responsabilidad que tengo. Trato de decir cosas que intenten mejorar la vida de la gente. Me quiero quitar eso de encima en el sentido de que igual hay un disco que me apetece hacer más de bailar o más ligero. Pero de momento sí nos parece importante que haya un mensaje detrás de lo que escuchamos. Es muy importante que haya un mensaje pero hay una responsabilidad tremenda y no quiero defraudar», comenta.

La versatilidad de Rozalén se ha dejado patente en numerosas ocasiones. Así, la hemos podido ver recientemente colaborar con artistas tan, a priori, dispares de su estilo como Macaco, Kase O, Reincidentes o Boikot, entre otros.

«Aunque parecen estilos muy diferentes, están más cercanos en ideas que otros. Reincidentes me llamó porque hice una versión para redes en el confinamiento de ‘Ay Dolores’, que la canto desde mis primeros conciertos. Se pusieron en contacto para hacerla y la mía de ‘Justo’.

«LA MÚSICA NO TIENE QUE SER PREJUICIOSA»

Para la albaceteña, «la música no tiene que ser prejuiciosa». «Nos perdemos muchas cosas si le ponemos etiquetas a todo. Tengo facilidad de cantar estilos diferentes y la combinación es divertida y puede ser constructiva, que aporte, que no sea todo siempre lo mismo. A mí me parece valiente que muchos artistas que son diferentes a mí en estilo me llamen para cantar», señala.

Durante los conciertos de esta gira podemos ver un nuevo espectáculo y mucha variedad. «Hay una parte emotiva y cañera de temas que tengo que seguir cantando. Sé el mensaje que quiero transmitir, estamos en un momento que necesitamos un chute de positivismo, energía y color. Y de guasa, hay también una parte teatrera y de risa. Queremos que la gente se vaya de allí diciendo que hay que seguir para delante con todo. Me divierte mucho más algo muy variado, que tenga que ver con diferentes cosas. Y que se den situaciones muy diferentes. Las críticas nos están dejando muy bien y hay un trabajo detrás muy bestia. Todo está súper pensado, es la gira que más hemos trabajado», concluye.

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