La vuelta a las aulas resulta esencial para la inmensa mayoría de las familias. Especialmente aquellas monoparentales o donde ambos progenitores son trabajadores en activo.

También es primordial que los niños y niñas más “peques” puedan volver a reunirse con sus tutores, colegas y maestros. El proceso enseñanza-aprendizaje es cardinal en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los “renacuajos”; como fundamental también es el derecho a su educación que les confiere nuestra constitución.

Si algo nos ha dejado la Covid-19 es una incertidumbre sin ningún precedente para todas las generaciones que hemos coincidido en esta pandemia sanitaria. Pero con la misma empatía que tengo hacia los padres que temen por el riesgo que supone el nuevo curso escolar, quisiera arrojar un poco de luz. Pregunto retóricamente por un lugar más seguro que un colegio: un espacio en el que se cuenta con personal especializado precisamente en ser flexibles y adaptarse constantemente a los cambios y nuevos desafíos.

Cada año los docentes preparan una programación didáctica (que se suma a las programaciones de centro) donde gestionan aula: desde la distribución y organización de los espacios, la temporalización, las actividades, los grupos de trabajo, etc.

Este año será distinto, salvo por el hecho de que dentro de los centros educativos seguirán estando las personas que han dedicado la mitad de su vida a formarse en cómo sacar lo mejor de tus hijos, y la otra mitad en mancharse los dedos de tiza haciéndolo posible.

Lo único seguro en esta vida es que tiene fecha de caducidad, y no conocemos ni cual es. Tal vez por eso, habrá que “apostar al caballo ganador”, que ha recorrido el pedregoso camino de cuidar y educar a los más pequeños hasta ahora. La opción de aislarlos con una persona mayor (los yayos) y, por tanto, de riesgo; o dejarlos con alguien que acabamos de conocer tras una breve entrevista no es mejor solución.

Dejemos a los discentes socializar en manos de quien siempre nos ha transmitido y demostrado solvencia y confianza: en los maestros y profesores. Se parte de la solución, no del problema.

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