Empezamos nuestro viaje en Puebla de Sanabria y cruzamos a Portugal por el Parque Natural Montesinho, lo que nos presta la oportunidad de conocer valles y sierras, así como algunas aldeas y pueblos de singular encanto. Destacamos Rihonor de Castilla, un pueblo mitad español, y mitad portugués. La zona lusa es de cuento: aquellos huertos, el río, las casas de piedra y sus tranquilas gentes. El pueblo (ver fotos) cuenta con dos alojamientos y un restaurante-café. Desde luego, un lugar para perderse.

Braganza

Repuesto nuestro equilibrio interior y mental en Rihonor, reanudamos el viaje y a poco más de una hora, encontramos Braganza. Según ‘Wikipedia’, Braganza «es una ciudad y la capital del distrito homónimo (en la actualidad el más despoblado de Portugal), en la comunidad intermunicipal de Tierras de Trás-os-Montes, dentro de la Región Norte de Portugal. El perímetro del núcleo urbano, con una superficie de 20 309 km², alberga 25 000 habitantes”


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Saliendo de Tomelloso, aunque se entre a Portugal desde Puebla de Sanabria, son unas cinco hora y media largas, con una distancia 535 km (453 km por autopista). Empleando la autovía A-6 y la AP-62. ¡Ojo! Revisa el tema de los peajes al entrar en Portugal, además de los que conocemos en España, hay que pagar otros para los cuales debes introducir tu tarjeta de crédito en una máquina que tienen algunas gasolineras y de ahí te irán descontando el pago (STOPTOLL).

Desde Braganza condujimos dos horas hasta llegar a Guimarães

Siguiendo lo que nos decía ‘Tripadvisor’, visitamos la Iglesia de la Fé, que está en pleno centro al igual que la de Santa María. Después paseamos durante dos horas por todo el Centro Histórico. Portugal es un espectáculo de tiendas de dulces y helados y Braganza, a pesar de ser un sitio pequeño, no iba a ser menos.

Los Portugueses comen antes que nosotros, y te va a resultar difícil comer si quieres hacerlo a las 3 de la tarde, por ello comete un bacalao con algo a eso de la una. Nos dijeron en los restaurantes que había más de cien tipos de recetas con bacalao. Lo normal es un plato único y postre, y nos costó como 6.5 euros más la bebida.

Guimarães, la ciudad donde nació Portugal


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Ayto Albacete – Punto Morado

La Wikipedia, aliada en todos nuestro viajes, nos dice que » Guimarães es una ciudad portuguesa del Distrito de Braga, región estadística del Norte (NUTS II) y comunidad intermunicipal del Ave (NUTS III), con cerca de 52 000 habitantes en el núcleo central y unos 161 876 dentro de su término municipal».

Desde Tomelloso, Guimarães (siguiendo la Guía Michelín) está a 7 horas y media (713 km por autopista), con un coste estimado 85,72 € (peaje 26,50 € + combustible 59,22 €), porque en Portugal los peajes son «ufff».

El centro histórico de Guimarães es patrimonio Cultural de la Unesco  desde 2001 y las ciudades con este sello no dejan a nadie indiferente. En nuestra región Toledo y Cuenca, son dos buenos ejemplos.


Ayto Albacete – Bus Feria

Empezamos el día con café, Coca-Cola y dos ‘bolas de Berlín’, un dulce parecido a nuestras bambas pero rellenos de crema y cubiertas de azúcar o canela. ¿Estaban buenas? No, lo siguiente, pero es que su precio es muy económico si lo comparamos con los que nos costaría esa golosina en España.

Guimarães hay que andarlo y se te irán un par de días en verlo todo. Avisamos de que en verano hace mucho calor, por lo que es de esos sitios ideales para primavera y otoño, con un tour que te lleve a Oporto, Braga o Aveiro.

En cualquier caso, como estamos de «paseo» pateamos esta ciudad histórica, tomamos sus cafés y visitamos sus heladerías, de las cuales perdimos la cuenta de cuantas había. También nos adentramos en sus iglesias: la de Nuestra Señora de la Consolación y Santas Escaleras, y la de San Francisco. Vimos el Palacio de los duques de Braganza, un espectáculo en toda regla; el Padrón salado, un monumento gótico único en Portugal que conmemora una batalla; y la Rúa de Santa María, la calle medieval por excelencia de la ciudad que une el monasterio con el castillo. Y si te gustan las cosas curiosas, no dejes de visitar la estación, donde se trabajaba el cuero y aún quedan algunas pilas para su trabajo.



Te aconsejamos leer el blog de: https://www.viajeroerrante.com/que-ver-en-guimaraes-en-un-dia/  que nos vino superbién en este viaje.

A una hora de Guimarães conduciendo encontramos nuestro lugar de descanso tras cuatro días de turismo por ciudades y pueblitos de Portugal.

Elegimos para ello Viana do Castelo. No es el destino de playa más habitual en Portugal, como lo son Cascaís o el Algarve, pero como estaba cerca de nuestra ruta por el Norte, nos decidimos y acertamos.



Viana tiene alrededor de 50.000 habitantes y cuenta con sierra y costa. Suele llover, y hace fresco por la noche, pero, como en casi cualquier parte, en julio y agosto hace mucho calor.

Esta parte de Portugal es muy nueva, ordenada y limpia, y te costará (a pesar de que la hay) encontrar gente en la calle porque los locales tienen horarios distintos a los nuestros. Viana tiene un toque distinto que quizás, si eres muy muy playero, no te guste mucho.

Playas grandes y limpias, agua fría, chiringuitos nuevos y económicos y tranquilidad son los adjetivos que destacamos de este lugar turístico. Nosotros volveremos si la vida nos deja.

Os recomendamos que os alojéis en alguna de las Quintas que hay: playita de mañana, ‘piscineo’ de tarde, playa y sierra. Una gozada.

Para comer, tenéis decenas de lugares en el puerto que no son excesivamente caros, pero se nota la diferencia con respecto a los restaurantes tradicionales. También es bueno saber, como adelantábamos antes, que las tiendas en Portugal cierran muy temprano, a excepción de los centros comerciales.

En Viana, estuvimos en un sitio de comida portuguesa y brasileña llamado ‘O Botequim’ y probamos un plato de carne con salsa (ver foto) llamado ‘Francesinha’. Recomendamos el plato y el lugar.

Francesinha

Gracias, Portugal.

EUROCAJA RURAL PIE

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