Argumentaba el ministro Salvador Illa, responsable de la cartera de Sanidad del Gobierno del país que, tuviéramos cuidado con las risas de Navidad, no fueran a convertirse en lágrimas para Reyes. Creo que este hombre ya no puede hacer más para logar trasladar a la población mensajes para tomar consciencia de la situación de excepcionalidad en la cual vivimos. Quizás, y no soy proclive a ello, tengamos que volver al lenguaje y al simbolismo bélico. Así, igual asumimos de una puñetera vez que no está el tiempo para festejos. 

Una amiga de mi abuela, a la que llamábamos tía (aun sin serlo), me explico muchas veces que a lo largo de sus 100 años de vida había tenido momentos de todos, en especial en fechas señaladas como la Navidad. La mujer me contaba que disfrutáramos cuando pudiéramos y fuéramos austeros cuando tocara. La cal y la arena de la vida decía.



La tía Paca nació a principios del siglo pasado. Siendo pequeña vivió las estrecheces de la Primera Guerra Mundial. España no la sufrió mucho, pero la clase obrera se resintió en época de crisis económica. Aquellas navidades no fueron como otras relataba. Pasó la Gripe Española de la que tanto se habla ahora. Muertes en Navidad, en Año Nuevo y en Reyes cercanas a la familia tiñeron de negro esas fiestas. Al pasar la gripe un poco de luz, pero no le sobraba el marisco en las navidades tras la crisis del 29.

Tampoco, paso unas navidades agradables durante la Guerra Civil Española. Muerte y más muerte, cercana y más cercana y en vez de uvas bombardeos.

Sufrió en las carnes de su nuera navidades más que tristes, con los estragos de la ocupación de los Nazis en la Francia de la II Guerra Mundial. Tras las guerras pudo disfrutar de navidades en familia, aunque con mucha añoranza por los que ya no estaban.



Tomemos consciencia, vendrán tiempos mejores. Tengamos templanza, no vayamos a tener que echar de menos a más personas por unos días de juerga. Disfrutemos tranquilos de casa con quien nos toque, o solos, que la soledad de vez en cuando tampoco daña.

Serán una navidades distintas pero con electricidad, móvil, internet, Netflix, Amazon, calientes y seguros. Hay langostinos, gambas y gambones en los supermercados. Vino, vermut y mistela en la Cooperativa. Hay chuletones y chuletillas en las carnicerías. Seamos pacientes y solidarios. No perdamos la alegría de vivir pero no nos lancemos a una euforia que nos lleve a una resaca de muertos del copón. No abra paracetamol para tanto dolor.



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