Sin duda, este nuevo curso escolar va a ser diferente a todo lo anteriormente conocido, incluido el curso anterior. En el curso 2019-2020, la declaración de pandemia a nivel mundial y del estado de alarma en nuestro país nos sacó a todos de las aulas de forma abrupta y repentina para ya no volver a la enseñanza presencial. Por decirlo de alguna forma, las medidas adoptadas para el conjunto de la población vinieron a simplificar las medidas y actuaciones en el ámbito educativo.

Para este nuevo curso, la situación es bien distinta al no tener que contemplarse, por el momento, medidas generales de aislamiento o prevención; intentando poner en equilibrio lo sanitario, la salud pública, la necesidad de evitar, o al menos reducir, las tasas de transmisión de este coronavirus con la conveniencia de devolver al alumnado a las aulas, a los espacios educativos en los que se procuran mejores condiciones, mejor atención a los aspectos académicos, sociales y emocionales.


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El primer paso ya se ha dado, hemos vuelto a las aulas y superado los primeros miedos, angustias e incertidumbres, por parte de todos las partes que configuran la llamada comunidad educativa. En estos primeros días, también estamos asistiendo a la evolución de la pandemia en lo que se conoce como “segunda oleada”. Una situación que es cambiante y que nos está obligando a actuar de forma puntual, ya sea a nivel local, de centros educativos, de grupos de convivencia o incluso con medidas individuales. En gran medida, nuestros “planes de inicio de curso”, los “planes de contingencia”, que de forma tan concienzuda se han elaborado por parte de equipos directivos, de docentes, de la administración educativa, se están viendo sometidos a una permanente prueba de estrés, de revisión, de adecuación, incorporando nuevas perspectivas y nuevos planteamientos; tal vez, poco imaginables hace escasamente unos días.

Por otra parte, si hay alguna lección que podamos extraer de la experiencia de este tiempo es que no caben soluciones ni generales ni maximalistas, sino que cada centro educativo es una realidad distinta, con su entidad y sus circunstancias y será cada centro el que deberá plantear alternativas, en un debate sobre si la educación debe ser presencial, a distancia o híbrida (semipresencial); todo ello, con la supervisión de la administración educativa, con el asesoramiento y el acompañamiento que sea necesario.

ENSEÑANZA PRESENCIAL, A DISTANCIA O HÍBRIDA

Para poder adoptar medidas de este calado, conviene tener en consideración, en primer lugar, que hay que adecuar la respuesta a las necesidades del alumnado; en segundo lugar, que hay que disponer más recursos para aquellos alumnos que se enfrentan a mayores riesgos o desafíos; sin obviar que los centros educativos y el profesorado deben contar con los medios y la formación necesaria para ofrecer la respuesta necesaria en las mejores condiciones posibles.


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En este sentido, si tuviéramos que hacer un análisis de las necesidades del alumnado,   a modo de tentativa y aproximación podríamos establecer las siguientes categorías acompañadas de una escala  sobre la mayor o menor necesidad de la enseñanza presencial o a distancia [i]; por si resultara útil para enfocar el debate al que se ha hecho referencia:

Tabla 1. Idoneidad de la educación presencial o a distancia. Elaboración propia a partir de traducción y adaptación de McKinsey & Co. 31/08/2020

De esta forma, estamos comprobando cómo tanto la administración como los centros educativos están tomando decisiones en este sentido y, asimismo, adoptando medidas que flexibilizan la presencialidad. No obstante, quedan todavía sin resolver las demandas de algunas familias que reclaman una enseñanza no presencial entrando en conflicto con escenarios de absentismo.

Otra de las lecciones aprendidas durante la etapa del confinamiento ha servido para poner de manifiesto que la educación presencial es difícilmente sustituible, especialmente para el alumnado de cursos inferiores que necesita de la interacción social, de un mayor nivel de acompañamiento y atención y que es menos autónomo en el uso de dispositivos móviles, a la vez que le resulta más difícil hacer seguimiento de sesiones a distancia, ya sea en modo sincrónico o asíncrono. Por otra parte, conviene no ignorar el enorme coste social y económico que supone la doble necesidad de quedarse al cuidado de los menores a la vez que se les atiende en sus tareas escolares. Circunstancia esta que, además, profundiza en la brecha de género.



No obstante, aunque la presencialidad total es el modelo deseable, las condiciones sanitarias irán condicionando respuestas educativas basadas en modelos híbridos,  o incluso no presenciales  para las que habrá que estar preparados, por lo conviene considerar algunas cuestiones como las que se proponen en la siguiente tabla:

Tabla 2. Variables en función de la edad del alumnado. Elaboración propia a partir de traducción y adaptación de McKinsey & Co. 31/08/2020

En definitiva, se trata de valorar estas circunstancias para poder adoptar las medidas más adecuadas, entendiendo que la situación sanitaria es cambiante y, en consecuencia, no dibuja un escenario que pueda ser adoptado como permanente, tal y como ocurrió en el pasado curso, de ahí la complejidad.

EL PLAN DE DIGITALIZACIÓN PARA ESCENARIOS CAMBIANTES ¿CÓMO IMPLEMENTARLO?

Por último, sea cual sea el escenario en el que cada localidad, escuela, grupo o individuo se encuentre en un momento puntual, nos encontramos con un tercer elemento a considerar: la digitalización de nuestro sistema educativo.


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Durante el pasado curso escolar, frente a una situación sobrevenida, la respuesta fue aceptable, en términos generales; con especial atención al alumnado más susceptible de verse afectado por la llamada “brecha digital”, a sabiendas de que cada centro educativo, cada docente, se encontraba en un estadio diferente a la hora de abordar el reto de la enseñanza no presencial, ya fuera por los recursos con los que contaban, ya por el grado de competencia digital del profesorado; ya por el nivel de desarrollo de la Competencia digital (Competencia clave en el Sistema educativo español) por parte del alumnado; o por el grado de implicación y colaboración de las familias en el desarrollo de estas competencias, especialmente del alumnado de menor edad.

Para este curso escolar, la situación de partida ya no puede ser la misma y son los centros educativos con el apoyo de la administración educativa los que se preparen de forma decidida para afrontar el reto de la no presencialidad, ya sea de forma esporádica o a largo plazo; teniendo en cuenta que enseñanza híbrida (semipresencial) o no presencial es algo más que una versión digital de la clase tradicional.

Este reto, entiendo que debe enfrentarse desde cuatro ámbitos que resultan complementarios: el equipamiento, la formación y la reordenación de los equipos docentes, el impulso al desarrollo de competencias digitales del alumnado, el fortalecimiento de la relación con las familias, con protocolos que favorezcan la comunicación y la colaboración.


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El equipamiento tecnológico está llegando a nuestra escuelas e institutos y se han mejorado considerablemente las infraestructuras para dotarnos de conexión a internet mediante fibra, con el programa “Escuelas conectadas”; la plataforma educativa “EducamosCLM” viene a sumarse como aportación de la administración para ofrecer un espacio común a modo de hiperaula virtual. La formación para el manejo de esta plataforma ya se ha ofrecido al profesorado de todos los centros educativos, con el compromiso de que la diseminen en cascada al resto de profesorado de sus correspondientes centros.

No obstante, considero que hay que seguir profundizando en este aspecto del desarrollo profesional continuo del profesorado, para ello se propone tomar como referencia el Marco europeo para la competencia digital de los educadores (DigCompEdu) [ii] que proporciona un marco de referencia general para apoyar el desarrollo de competencias digitales específicas de todos los docentes, a nivel europeo, de cualquier nivel educativo; también, para aquellos que atienden necesidades educativas especiales y operan en contextos no formales. Dada la trascendencia de este instrumento, el propio Ministerio de Educación y Formación Profesional publicó la Resolución de 2 de julio de 2020, de la Dirección General de Evaluación y Cooperación Territorial, por la que se publica el Acuerdo de la Conferencia Sectorial de Educación sobre el marco de referencia de la competencia digital docente. (BOE de 13 de julio).



Pero, ¿cuál es el punto de partida? Del mismo modo que en el contexto europeo se propone el Marco (DigCompEdu), la Dirección General de Educación, Juventud, Deporte y Cultura del Consejo de Europa ha desplegado el llamado Plan de Acción de Educación Digital [iii]. En dicho plan, que se estructura en 11 acciones, aparece la puesta en marcha de la aplicación conocida como SELFIE [iv] (cuyas siglas en inglés significan «reflexión personal sobre un aprendizaje efectivo mediante el fomento de la innovación a través de tecnologías educativas»).  SELFIE puede ser considerada como punto de partida, evaluación inicial sobre el modo en que un centro educativo utiliza la tecnología. Mediante un sencillo cuestionario dirigido a toda la comunidad educativa, se recoge de forma anónima una información a partir de la cual la herramienta genera un informe, una especie de foto fija (selfie) sobre los puntos fuertes y débiles que el propio centro demuestra acerca del uso de la tecnología. A partir de aquí, la palanca del crecimiento y la mejora se activa contando con unas referencias más claras.

ESTAR PREPARADOS PARA ESCENARIOS DIVERSOS

Como se ha venido comentando, este curso escolar estará condicionado por la situación sanitaria y por las medidas que cada centro vaya adoptando en función de las circunstancias; por lo que resulta necesario estar preparados para responder de la manera más eficaz a situaciones y contextos que pueden ir variando en un continuo comprendido entre presencialidad  y no presencialidad.



Para ello, no se trata de trasladar el esquema básico de la enseñanza tradicional a un formato digital. Como sabemos, la secuencia tradicional comienza con la instrucción directa del docente a los estudiantes, después, una fase de exploración del contenido por medio de la práctica guiada o de la experimentación, hasta llegar al trabajo independiente o autónomo y, finalmente, la evaluación del aprendizaje del alumnado.

Hacerlo así supondría obligar al alumnado a pasar varias horas conectados a una pantalla con la consiguiente fatiga. Igualmente ineficaces resultarían distintas conexiones cada 40 o 50 minutos con cada uno de los profesores-as de las distintas materias, en muchos casos a través de distintas plataformas, en función del gusto o preferencia de cada docente. En consecuencia, conviene que el profesorado no actúe y planifique de forma individual, sino que lo haga en el marco de un plan de centro en el que se hayan revisado en profundidad estas y otras cuestiones metodológicas y se hayan pilotado o planteado simulaciones que permitan confirmar que dichos planes son fiables y factibles. En cualquier caso, cualesquiera que sean las opciones elegidas, en este inicio de curso se sugiere no entrar directamente al tratamiento de los contenidos; por el contrario, se recomienda dedicar tiempo a enseñar al alumnado al manejo de las herramientas tecnológicas previstas para el aprendizaje, ya sean dispositivos o programas; a explicar, también, a las familias sobre su uso y los procedimientos a seguir para el trabajo con sus hijos e hijas, para comunicar y colaborar con los docentes.

En definitiva, se trata de hacer los deberes, valga esta expresión tan escolar, para estar preparados y poder afrontar los retos de esta “nueva normalidad educativa” que es líquida y tremendamente cambiante, como los tiempos que corren.

[i] Adaptado de Dorn, E., Panier, F. Probst, N. y Sarakatsannis, J. (2020) “Back to school: A framework for remote and hybrid learning amid COVID-19”.  31/08/2020. Mackinsey & Co
[ii] https://ec.europa.eu/jrc/digcompedu
[iii] https://ec.europa.eu/education/education-in-the-eu/digital-education-action-plan_es
[iv] SELFIE. https://ec.europa.eu/education/schools-go-digital_es

Luis Miguel Miñarro López es maestro, antropólogo social y doctor en investigación en humanidades, artes y educación (Estudios filológicos)

 


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