Esta mañana cuando estaba desayunando viendo las noticias en televisión, mi hijo me preguntaba que qué hacían esos niños cantando en televisión. Eran un niño y una niña que cantaban uno, siempre el mismo número y su compañera un número distinto. Pues Guillermo, es el juego de la Lotería de Navidad. ¿Y qué es eso?, me dice. Pues es una forma de ganar dinero participando en un juego, apostando por un número. Si sale el número que compraste, pues ganas dinero. Pues, ¡yo quiero jugar papá!.

El juego de la lotería, lleva desarrollándose más de doscientos años, desde 1812, y ciertamente ha pasado a ser una tradición española. ¡Quién no lleva un décimo de lotería en navidad!. Sin embargo, cuando estamos cansados de ver cómo es una preocupación de todos nosotros la inmigración, el reparto de la riqueza o la igualdad de género y la utilización de éste en las campañas de comunicación de algunas marcas comerciales, etc… sin embargo, nadie piensa qué hace en ese “negocio” la figura del niño o la niña, en la difusión de un elemento que, es verdad, forma parte de la tradición de nuestro país, pero que considero que es terreno peligroso para nuestros jóvenes y más en el momento que vivimos de acceso universal a las tecnologías de la información y la comunicación.



La lotería de Navidad, supone la “alegría” inmediata para aquellos que son afortunados en este día, aunque no sabemos si la alegría futura, pues a veces supone la ruina de algunos. También supone una alegría para el Estado, que recauda una cantidad muy importante de recursos con los cuales financiar su gasto, doscientos millones de euros en la Lotería de Navidad de 2017. Y en el caso de los niños y niñas y adolescentes que aparecen cantando los números este 22 de diciembre, también una alegría y emoción desmedidas que les hace hasta llorar, no poder hablar, ni decir siquiera el número que ha salido en directo, delante de toda España. ¡Qué emoción!.

Sin embargo, ante tanta emoción, los que somos enseñantes, no podemos más que pensar que el momento que vivimos, lo más adecuado no es alentar este tipo de comportamientos económicos, sobre todo en nuestros hijos. El acceso que tienen nuestros chicos y chicas al juego, y la comercialización del mismo en las campañas publicitarias donde aparecen personajes conocidos del mundo de la televisión o el deporte, como padre, me hace pensar que cuanto más alejados de esto se encuentre mi hijo, mucho mejor. Hay innumerables casas de apuestas a las que tiene acceso cualquiera, on line o no, probablemente a menos de cien metros de casa. Esta semana pasada, el propio Defensor del pueblo alertaba del peligro de la proliferación sin control del juego, diciendo que «el fenómeno de la difusión sin control del juego, y muy en especial si los jugadores son menores de edad, tiene unas características similares a las del consumo de tabaco o de drogas».


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Personalmente pienso que hay que enseñarles a valorar lo que cuesta ganar el dinero, gestionar su pequeño presupuesto de fin de semana, si es que lo tienen, y gastarlo adecuadamente. Sólo con la cultura del esfuerzo y el trabajo formaremos excelentes ciudadanos. Nuestra labor como docentes especialistas en la economía, que abordamos en la etapa de secundaria, busca que nuestros alumnos tengan comportamientos éticos y responsables, sean buenos consumidores y muy críticos con aquellas actividades económicas que permiten ganar dinero fácil.

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