Pedro Sánchez, con respecto a los demás presidentes de Gobierno de España en los últimos cuarenta años, está resultando el primero en todo: en acceder al Gobierno mediante una moción de censura sin pasar por ganar unas elecciones; en pactar con los partidos que apoyan el terrorismo y con los que quieren la ruptura de España; en querer romper la separación de poderes en España queriendo controlar el poder judicial y, por si eso fuera poco, va a conceder indultos de forma totalmente irregular puesto que las personas beneficiadas ni siquiera han manifestado su arrepentimiento ni su propósito de no volver a cometer los mismos delitos.

Todas estas primacías de su actuación y especialmente la que atañe a los indultos pretende justificarla en que es necesario dar un paso hacía la reconciliación de España con Cataluña y eso, según él, se consigue, indultando a los presos condenados por el Tribunal Supremo, sin que ellos hayan solicitado tal indulto y asegurando, como aseguran, que volverán a la confrontación con el resto de España, afirmando, además, que es el camino idóneo para iniciar el dialogo. Es decir, dando un paso hacia la claudicación.

Ya en 1993, Tomás y Valiente antes de ser asesinado por ETA, en un artículo que en estos últimos días ha reproducido El País, afirmaba que el órgano competente para conceder o no el indulto es el Gobierno reunido en Consejo de Gobierno y que este puede conceder o no lo que se le pide, de modo que no está obligado a hacerlo, y en esa discrecionalidad reside precisamente el núcleo de la gracia como acto no debido. Pero si los requisitos exigidos por la ley no se cumplen, el órgano competente debe no conceder la gracia, puesto que ésta ha de ejercerse con arreglo a la ley. Y añade: “Si sucede, como ocurre en el caso presente, que el recluso ni siquiera solicitó personalmente el indulto y, desde luego, no ha manifestado su arrepentimiento en relación con su conducta delictiva y reincidente y no ha acatado la Constitución contra la cual se rebeló, la denegación del indulto es una consecuencia jurídica lógica y debida”. Para salvar este escollo -que no es menor- dado que los posibles indultados han llegado a decir que “se meta el Gobierno los indultos donde les quepa”, Sánchez ha “fabricado” con sus socios de ERC una carta de Junqueras en la que viene a decir que aceptaría, ahora sí, el indulto, y que renuncia a la independencia de Cataluña por la vía de la confrontación con España y que aboga por un referéndum pactado.

A esta declaración le encontramos bastantes pegas: 1ª) La declaración es de uno de los posibles indultados y no del resto de los condenados, por lo que, de concederse por este concepto, sería solo a él y no a lo además; 2ª) No formula, formalmente, ni siquiera por el que la firma, la petición de indulto, por lo que no cumple uno de los requisitos exigidos para podérselo conceder: pedirlo; 3º) No se manifiesta contrario al delito cometido -querer independizar una parte de España del resto- sino que propone una formula distinta: confrontación por referéndum pactado; 4º) Implica el no reconocimiento de la Constitución puesto que en ella no se contempla en ninguno de sus artículos que una parte de España, mediante pacto, pueda separarse del resto; y 5º) En ningún caso se habla en la carta, más bien al contrario, de que en adelante no se vaya a atentar contar el artículo 1 de la Constitución en el que se consagra la unidad del Estado Español.

Por ello consideramos que la “carta pretexto” de Junqueras no tiene otro alcance ni otro significado que dar “munición” a Sánchez, al menos por unos días, mientras se tramita el indulto, para poder agarrarse a un clavo ardiendo y querer justificar lo injustificable.

Otra cuestión, no menor, es que esta aireada carta es de una parte de los independentistas, los de Esquerra, pero que el resto de partidos de esta ideología han saltado como un muelle y niegan la mayor: Quieren la independencia y la quieren por la confrontación con el resto de España; quieren hablar de “conflicto político” que, como tal, se ha de resolver por vías democráticas y negociaciones y aplicando una amnistía aprobada por el Congreso que refuerce el carácter político de la misma.

No quiero alargarme más solo decirle al todavía presidente Sánchez que nuestra Constitución se fundamenta en la “indisoluble unidad de la nación española”, y que el pueblo español en su conjunto es el único legitimado para adoptar cualquier decisión que le afecte y no él por mucho que le beneficie personalmente el apoyo de los independentistas para permanecer en el poder.

Por cierto, el domingo, nos vemos en Colón.

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