La Organización Mundial de la Salud elevó el pasado 11 de marzo de 2020 la situación de emergencia de salud pública ocasionada por el COVID-19 a pandemia internacional. Para ese mismo día, la Comunidad de Madrid había decretado el cese de toda actividad educativa de carácter presencial, en colegios, institutos y universidades. El 13 de marzo quedaron cerradas las escuelas y los centros educativos de Castilla-la Mancha.

Asimismo, el gobierno de España, mediante Real Decreto, publicó el estado de alarma en el BOE del 14 de marzo, lo que suponía la limitación de la libertad de circulación de la población (Artículo 7). En el ámbito educativo (Artículo 9) se decretó la suspensión “de toda actividad presencial en todos los centros y etapas, ciclos, grados, cursos y niveles de enseñanza contemplados en el artículo 3 de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, incluida la enseñanza universitaria, así como cualesquiera otras actividades educativas o de formación impartidas en otros centros públicos o privados.” En consecuencia, se proponían para su continuidad las modalidades a distancia y online, eso sí, siempre que fuera posible (Artículo 9.2)



A partir de aquí, con en ese condicionante de por medio, lo que ha sido posible ha irrumpido de formas varias y diversas, tantas como centros educativos, casi podríamos afirmar que tantas como docentes que a título individual se han empeñado,  como mejor han podido y entendido, en no perder el  contacto con su alumnado, en no restarles oportunidades de aprendizaje; incluido también el agujero negro en el que se han sumido estudiantes y familias como consecuencia de la brecha digital, brecha social, brecha de inclusión y tantas otras brechas que si ya estaban presentes en el modelo de enseñanza presencial, se han acrecentado con este nuevo modelo que como dice su nombre pone distancia entre todos los agentes implicados en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Tanto es así, que en un reciente estudio en el que se ha tenido en cuenta la opinión de la comunidad educativa en España, (Trujillo, et al, 2020), se pone de manifiesto la preocupación y el cansancio en el profesorado y los equipos directivos que se han visto abocados a asumir la autonomía de los centros de forma abrupta, “sin instrucciones útiles, claras y a tiempo para su adecuado desarrollo y sin contar en muchos casos con los recursos necesarios”.

En un principio, todas estas medidas tenían una limitación temporal de 15 días y por consiguiente un carácter provisional; no obstante, la evolución de la pandemia que ha ido motivando una serie de prórrogas del estado de alarma nos ha conducido a través de distintos escenarios y fases de desescalada hasta el final de este curso escolar y académico. De este modo, lo que en principio fueron medidas que se acometieron con carácter de urgencia y provisionalidad, en la práctica, han acabado por denotar un escenario con todos los visos de institucionalizarse.



El curso escolar acaba de cerrarse y cabe prepararse para uno próximo en el que caben todos los escenarios posibles, incluido un nuevo confinamiento en el caso de que una segunda oleada llegue en los meses de otoño o invierno. En principio, parece que los sistemas de salud pública, tras superar los momentos iniciales que resultaron convulsos y dramáticos, han quedado mejor preparados en términos de prevención, seguimiento, rastreo e incluso de atención de posibles infectados; la alerta sigue siendo máxima y nuestras vidas siguen estando reguladas por criterios sanitarios, véase el Real Decreto-ley 21/2020, de 9 de junio, de medidas urgentes de prevención, contención y coordinación para hacer frente a la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19; asimismo, en Castilla-La Mancha, el Decreto 24/2020 de 19 de junio.

Pero, ¿qué ocurre en el ámbito educativo? Da la impresión de cierta renuncia a aprovechar la ocasión para fortalecer nuestra escuela, muy especialmente la escuela pública; con independencia de las situaciones de estrés a las que se vea sometida, COVID por medio u otras razones. Se ha gestionado, superado con menor o mayor éxito la crisis provocada por el cierre de toda la actividad educativa de carácter presencial, en el marco temporal de los últimos tres meses y medio del curso 2019-2020; pero ya no caben más medidas improvisadas y condicionadas por la urgencia o la emergencia.

Cabe hacer lecturas que permitan sacar a la luz aquellas lecciones aprendidas que nos permitan encarar el reto de un próximo curso con cierto sosiego, principalmente para el alumnado, las familias y los centros educativos; despejando más pronto que tarde aquellas incertidumbres que se ciernen sobre nuestro sistema educativo y aprovechándolas como una oportunidad para modernizarlo; tanto desde el punto de vista de las infraestructuras (recursos tecnológicos, conectividad, redefinición de espacios educativos, …), como desde la óptica de la adecuación y flexibilización del currículo,  de la revisión de las metodologías docentes, sobre todo de aquellas basadas en la mera transmisión unidireccional del conocimiento, ya sea en espacios presenciales o virtuales;  sin olvidarnos de redefinir las relaciones (liderazgo, comunicación, formación, colaboración, cooperación) en el marco de la comunidad educativa para un entorno blended, al que parece que estamos abocados.



En definitiva, no podemos seguir manteniendo el statu quo de la escuela, pero desconozco en este momento si la LOMLOE, que ya ha iniciado su tramitación parlamentaria, recogerá algunas de las enseñanzas que nos ha proporcionado esta nueva situación y proporcionará a los centros educativos los mecanismos y recursos necesarios para asumir los retos a los que se enfrenta la educación en nuestro país y, en particular, en nuestra Comunidad autónoma.

Mientras tanto, como ya se ha señalado, el profesorado, las familias, los centros reclaman de las administraciones guías de actuación, protocolos; en definitiva, todo tipo de apoyos y “muletas” para poder encarar con menos incertidumbres y miedos estos “tiempos líquidos” (Bauman, 2007) que han pasado de ser meramente retóricos a resultar tan evidentes que están condicionando nuestra vida y nos han sacado a todos y todas de nuestros espacios de confort. No obstante, también hay que considerar que estos andamiajes para que sean útiles y asumibles hay que construirlos conjuntamente; con la iniciativa y el impulso de la administración, pero también de abajo a arriba (bottom-up), haciendo partícipes a los centros educativos, ayudándoles a asumir su autonomía y su responsabilidad, dotándolos de los recursos personales, materiales y organizativos que puedan garantizar el éxito en la respuesta educativa al alumnado; el éxito en su configuración como organizaciones que aprenden y permiten el desarrollo de competencias de todos y  cada uno de los miembros de su comunidad y del centro como institución.

En estos días, la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha está tomando la iniciativa en este sentido, manteniendo reuniones virtuales con todos los directores y directoras de los centros educativos de Castilla-la Mancha, con el propósito de reconocer el esfuerzo llevado a cabo para no desatender a nuestro alumnado, para no dejar a ningún alumno o alumna atrás, en este final de curso; pero también para conocer de primera mano las necesidades que existen en los centros para el comienzo de uno nuevo, para acompañarlos en construir esos andamiajes que dan seguridad y protección ante las adversidades. Habrá que abordar asuntos como la optimización de espacios y recursos o cómo asegurar medidas sanitarias y de contención. Esperemos que sirva también para alentar una transformación de los centros en los ámbitos organizativos y pedagógicos[1].


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Con seguridad, habrá documentos de apoyo, cuestionarios que de una forma u otra ayuden a reconocer las fortalezas ya existentes, a hacer visibles las potencialidades que han estado latentes pero que no se han aprovechado hasta ahora; también sus debilidades. En definitiva, se trata de abrir un debate en el seno de los centros educativos, en sus claustros, con las familias, con el alumnado, para mejorar la gestión explícita de la comunicación, conectando agentes (claustro-alumnado-familias-instituciones externas); para generar entornos de aprendizaje sistemáticos (López Belarrinaga y Martínez, 2020); para mejorar la capacidad de una suma de individuos, para generar el efecto multiplicador de una organización que aprende, asume su autonomía y responde a las necesidades de su comunidad.

También es cierto que este camino no podrán hacerlo solos, para ello necesitarán el acompañamiento decidido y firme de la administración educativa y en ese acompañamiento vuelve a ser clave la formación del profesorado, aunque con una perspectiva distinta de lo que ha venido siendo hasta ahora; poniendo el foco en el centro, para el desarrollo de una estrategia formativa sistemática, con vocación de transferencia a la práctica docente y que alcance al conjunto de la comunidad. Para ello, no basta con programas de formación online o semipresencial ya que se desatiende algo tan necesario como el apoyo, acompañamiento y asesoramiento al profesorado y a los centros en el desarrollo de proyectos y planes.

Referencias:

  • Bauman, Z. (2007). Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre. Tusquets.

  • Kampylis, P., Punie, Y. y Devine, J. (2015); Promoción de un Aprendizaje Eficaz en la Era Digital. Un Marco Europeo para Organizaciones Educativas Digitalmente Competentes. Joint Research Centre. Comisión Europea.

  • López Belarrinaga, S. y Martínez, B. (2020). ¿Puede la escuela, como comunidad que aprende, responder al reto del aprendizaje mixto? Disponible en  https://cedec.intef.es/puede-la-escuela-como-comunidad-que-aprende-responder-al-reto-del-aprendizaje-mixto/ CEDEC-INTEF.

  • Trujillo-Sáez, F.; Fernández-Navas, M.; Montes-Rodríguez, M.; Segura-Robles, A.; Alaminos-Romero, F.J. y Postigo-Fuentes, A.Y. (2020). Panorama de la educación en España tras la pandemia de COVID-19: la opinión de la comunidad educativa. Resumen Ejecutivo. Madrid: Fad.

  • UNESCO (2020). Marco para la reapertura de escuelas.  Disponible en https://es.unesco.org/sites/default/files/marco_reapertura_escuelas_es.pdf

[1] Sería útil revisar tres dimensiones, siguiendo lo que propone el Marco Europeo para Organizaciones Educativas Digitalmente Competentes (DigComOrg): Dimensión organizativa, Dimensión pedagógica y Dimensión de infraestructuras (personal, espacios, recursos, tecnología).



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