Bueno ya tenemos en las espaldas otro congreso, escaparate, multiventas, postureo, egos andantes y demás exposiciones de altanería y mercado de golpes en el pecho para darse importancia.

La sucesión de público asistente se marca todos los años en varios estamentos. El primero y fundamental para el funcionamiento y rentabilidad de este congreso son los llamados primeros espadas de la gastronomía. Algunos -no todos- de poca humildad y derroche de fantasmería inédita y algunos ejemplos de humildad y saber hacer.



Los segundos, los fieles seguidores que aúnan esfuerzo económico para acudir a esta charlotada y ansiosos de prestar atención a no todas las recetas fantásticas que ni los grandes espadas pondrían en sus restaurantes, pero que se tragan como si fueran un supositorio de gran calibre.

Los terceros –y a estos sí que les falta el agua de mayo y nunca mejor dicho- los expositores, algunos fieles desde hace muchos años que pagan de forma incondicional a la organización como si se tratara de una mordida anual, con el clásico “si no estás, no existes”. Y los nuevos, que cuando ven el funcionamiento acaban asqueados pero ansiosos por seguir año a año pagando la susodicha mordida.

Los cuartos se llevan la palma del todo. Los describiremos con diferentes nombres: agencia de comunicación, asesores de imagen, community manager, conseguidores, colocadores, etcétera. Estos personajes son el no va más en este tipo de congresos. Como si de artistas de alto copete se tratara, tenemos a estas figuras al lado de cocineros como si fueran su madre, les dicen qué tienen que hacer, qué tienen que decir e incluso cómo cocinar, a quién hacer la pelota y la foto. ¡Qué no se nos olvide la foto, por Dios!



Estos personajes son la culebrilla que se mueve por todos los estamentos de la gastronomía buscando cómo colocar a su pagador en la mejor posición. ¿Cómo defienden su alta cotización con su pagador? Pues de forma muy sibilina. Fácil. Si está bien colocado en los estamentos, podrá hacer lo siguiente: ganar un concurso en este congreso (lo que conlleva prensa etcétera), estar de pareja en el escenario -primario o secundario- con algún primer espada o estar presente en alguna foto con todos los mandamases.

Pero siempre hay un pero: ¿cuánto cuesta? Después de indagar sobre los costes de estos personajes, la respuesta es la siguiente: barato, medio y caro. Barato si este personaje está empezando, conoce a algunas personas, escribe bien y danza a través de una tercera persona que es la que se lo lleva puesto.

Medio: este es el peligroso. Está dentro del círculo de grandes influencias en la gastronomía, conoce críticos importantes, revistas, fotógrafos y algún que otro primer espada que encima le escucha. Va dejando muertos a su paso por su ansia de llegar a ser de los caros. En una palabra: aquel que se ha movido con alguno de estos personajes, más vale que pague o se quedará tirado como una colilla.



Y, finalmente, el caro. Estos son el no va más, los que eligen a su antojo qué cocineros/as suben o bajan, sea cual sea su trabajo. Bueno o malo, la cuestión es económica, cuánto pagas y cuánto tiempo vas a mantenerte fiel. Si entras en el juego, en menos de un año estás en todos los sitios, empezando con ganar un concurso renombrado, revistas, buenas críticas y, cómo no, una estrella Michelin. Pero sigue pagando más y más y más. Hasta que el pagador se cansa, decide no pagar y ya tenemos el lio: o eres ya fuerte y tienes tu propia infraestructura creada o este mismo personaje se encargará de hundirte en la miseria.

Hay un dato fundamental en estos personajes y una pregunta fácil: ¿Cuánto tiempo pasan en la cocina? Pues ni una. Encima ordenan qué es lo que tienen que hacer en sus respectivas cocinas. ¡Increíble! Cocineros con tablas, con muchísimas horas en la cocina que, si quieren triunfar y alcanzar sus sueños, acaban regidos por unos mindundis que no han cocinado en su vida, que no se han manchado sus trajes caros ni las uñas que llevan bien arregladas.

Y la reflexión es la siguiente: mueven la gastronomía personas que no han cocinado en su vida, que lo único que saben hacer es poner el estómago y el bolsillo, jugando con los sueños de muchas personas que dedicadas a crear para alegrar sus clientes.

Estilo americano: tanta justicia tendrás como pasta tengas en el bolsillo.

Manduca Comilón



Dejar respuesta

Por favor, introduce tu comentario
Por favor, introduce tu nombre