La periodista Pepa Bueno, que este viernes recibirá en Brihuega (Guadalajara) el VIII Premio de Periodismo ‘Cátedra Manu Leguineche’, ha mostrado su preocupación por el hecho de que en la lucha contra el virus los diferentes gobiernos «se carguen la transparencia».

PREGUNTA.- Este viernes le entregan la Cátedra Manu Leguineche. ¿Qué le supone sumar un nuevo premio a su palmarés?



RESPUESTA.- Todos los premios son bienvenidos. Tenemos un trabajo de mucha exposición pública y los reconocimientos significan que alguien valora que estás en el buen camino. Pero este, en concreto, tiene un valor añadido porque Manu Leguineche, para varias generaciones de periodistas y para mi, ha sido una referencia mítica. Pese a las circunstancias que marcan la pandemia me hace mucha ilusión ir a Brihuega a recogerlo para reflexionar sobre un mejor periodismo, un periodismo que sale, que busca en la mirada de los otros lo que pasa y que por desgracia, aunque no ha desaparecido, es más difícil de encontrar ahora.

P.- Con este fallo se le reconoce «su compromiso con la libertad de expresión o la denuncia en el reconocimiento de las mujeres como fuentes de autoridad». ¿Se identifica en estos postulados?

R.- Agradezco mucho que el jurado haya visto en mi semejantes valores. Desde luego la libertad de expresión es un derecho básico de toda la ciudadanía, también de los periodistas, que somos instrumentos para que los ciudadanos ejerzan el derecho a la información. Como cualquier periodista estoy muy vigilante siempre ante cualquier recorte o tentación de tocar la libertad de expresión e información. Ahora me preocupa mucho el acceso a los datos buenos y a lo a lo que se cuece detrás de las declaraciones. El recluirnos en casa nos ha dificultado mucho –a los periodistas– el acceso a la calle y a los datos buenos. Es una limitación muy seria que se está dando en todo el mundo y los profesionales de la información tenemos que rebelarnos contra eso. Pese a que la pandemia ha desbordado los sistemas de gestión de datos tiene que haber transparencia. Lo comento con colegas de otros países y tienen la misma preocupación de que en la lucha contra el virus los diferentes gobiernos no se carguen la transparencia.



En cuanto al reconocimiento de la autoridad de la mujer, el feminismo como pensamiento político y el periodismo comparten el objetivo de desvelar lo que está oculto. Esta exigencia ha unido en mi las dos cosas. Me ha tocado, por pura evolución de la igualdad en España, ocupar espacios donde no había mujeres. Por ejemplo, la dirección y la presentación del ‘Hoy por hoy’ o la dirección y presentación en solitario de la segunda edición del Telediario, ¡pero estamos hablando del siglo XXI!. Es cansado, y a la vez revelador, tener que decir primera mujer donde antes nunca hubo una. La autoridad de la opinión es una de las últimas fronteras que se les ha puesto a las mujeres periodistas. Primero, estar ahí opinando, y después, que se te reconozca la autoridad de la opinión. Eso a las mujeres nos ha costado más.

P.- En alguna ocasión ha dicho que el periodismo te exige la vida entera. ¿Esa manera de entender la profesión le ha reportado tantos reconocimientos?

R.- El periodismo es una profesión que tiene que estar bien remunerada. No me gusta concebir las profesiones como sacerdocios y no se puede utilizar el argumento de la vocación para precarizar este oficio. Es verdad que es una profesión que supone una manera de mirar la vida siempre con una especie de antena desplegada hacia lo que pasa. Es una manera de estar en el mundo, no estas ‘off’ cuando terminas de hacer tu trabajo en una redacción. Pero esa pasión no justifica que esta profesión se haya depauperado tanto y, en muchos, casos esté tan mal remunerada.



P.- Quién está más cansado del coronavirus, ¿los informadores o los consumidores de información?

R.- Todos estamos muy cansados. Es una crisis tan inesperada que ha alterado todos los órdenes de nuestra vida. En la primera parte, el impacto fue de tal calibre que simplemente nos pusimos en guardia. Pero esta segunda ola nos pilla a todos muy cansados. Los poderes públicos deberían de hacerse cargo del estado de ánimo de la población y de la repercusión psicológica del virus. Aunque la vacuna está en el horizonte y eso nos da un poco de esperanza, domina la incertidumbre, no saber con certeza cuándo acaba esto.

P.- El periodismo, con la pandemia, ¿sale reforzado?



R.- Debería salir reforzado pero aún falta perspectiva para verlo. La pandemia ha demostrado que hace falta más periodismo que nunca. Si en algún momento ha hecho falta comunicar qué pasaba y cómo nos protegíamos de lo que pasaba ha sido este, y quien hace esa tarea en democracia es el periodismo. Pero tiene retos por delante. No podemos dar por buenas decisiones que son censurables o, como mínimo, analizables y criticables. No hay que dejarse llevar por el «contra la pandemia todo vale».

P.- ¿Qué opina del plan que ha activado Moncloa para controlar la desinformación?

R.- La desinformación es uno de los peligros más graves para la democracia y para nuestro tiempo. Pero el plan del Gobierno se ha gestionado fatal. Se publicó en el BOE sin ninguna explicación previa y de forma ambigua. Esto hace que los profesionales nos preocupemos, porque no sabemos qué trata de perseguir. ¿Controlar la desinformación o lo qué se publica?. Necesita de una explicación mucho más concreta y mucho más coherente.



P.- ¿Le preocupa que, según el último CIS, los medios de comunicación sean la segunda institución más cuestionada por la ciudadanía en esta crisis?

R.- Hay un problema de confusión. Se le llama periodismo a cosas que son ‘infoshow’ o espectáculos con noticias. Eso es entretenimiento pero no periodismo. Pero todo se mezcla y se confunde. Cuando una persona que sabes que está muy informada te pregunta por bulos quiere decir que esto nos está perjudicando.

P.- Cree por ello hay que hacer pedagogía para diferenciar lo que es periodismo de ruido?

R.- Los periodistas tenemos que hacer periodismo. No podemos caer en la trampa del impacto, de lo que sabemos que te agencia una adhesión fácil. Las redes sociales son un canal por el que circula información, opinión, rumores y bulos, y los periodistas tenemos que tener muy claro que las redes son solo un vehículo y que la información que hacemos a veces circula por ellas. Pero no podemos competir con el estado emocional que provocan. Tratar de competir con quien la dice más gorda o quien tiene una adhesión más inquebrantable sería la muerte de nuestra profesión. El periodismo es lo contrario a la adhesión inquebrantable.



P.- Los medios de comunicación también sufren el impacto del coronavirus. ¿Esta crisis puede tornarse en oportunidad para el gremio?

R.- Los medios llevan todo el Siglo XXI soportando crisis. Tiendo a ser optimista y a pensar que siempre hay una oportunidad para que la ciudadanía se reconozca en nuestro trabajo y que le sea útil. Esa es nuestra oportunidad. Los ciudadanos demandarán nuestro trabajo y pagarán por él cuando tengan pleno convencimiento de que ante la marabunta de datos que les llega, cada vez que encienden el móvil, hacen falta profesionales que jerarquicen lo que les llega y pongan en relación unas cosas con otras a través del contexto. Esa es la oportunidad del periodismo. Ahora estamos todavía en el ojo del huracán.



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