La noche del sábado 27 al domingo 28 de marzo cambia la hora para adaptarnos al horario de verano: a las 2.00 se adelantarán los relojes hasta las 03.00, mientras que en las Islas Canarias a la 01:00 serán 02:00. La consecuencia más inmediata es que ese día se dormirá una hora menos y anochecerá más tarde.

Con el cambio de hora se cumple con la Directiva Europea 2000/84/CE que sigue afectando, sin excepción, a todos los estados miembros de la Unión Europea. En 2018 se planteó la propuesta de eliminar el cambio de hora y se inició un proceso que si bien consideraba suprimir este cambio en 2019, los entonces Veintiocho consideraron que la iniciativa era prematura y se aplazó la decisión.

El cambio es obligatorio y siempre se produce en las mismas fechas y horas en el conjunto de la UE, de modo que no existe la posibilidad de que un Estado miembro no aplique este cambio de hora.

La Comisión Europea considera que el consumo de energía no es el único aspecto positivo sino también subraya otros impactos sobre sectores como el transporte, las comunicaciones, la seguridad vial, las condiciones de trabajo, los modos de vida, la salud, el turismo o el ocio.

El cambio de hora se aplicó por primera vez durante el transcurso de la primera guerra mundial, a fin de mantener las fábricas abiertas durante una hora más desde la primavera hasta septiembre u octubre, según relata Pere Planesas un artículo publicado en el Anuario del Observatorio Astronómico de Madrid.

En España la hora de verano se adoptó por primera vez en 1918. La razón aducida fue la escasez de carbón provocada por la primera guerra mundial, que obligó a intensificar la producción y a reducir el consumo y, al mismo tiempo, armonizar el horario con el de los países vecinos. Posteriorente fue adoptándose algunos años sí y otros no.

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