En 2017 en Castilla-La Mancha se presentaron 5.103 denuncias vinculadas a la violencia de género y se acordaron en los juzgados 1.192 órdenes de protección de las 1.593 solicitadas.

Así lo ha puesto de manifiesto la directora del Instituto de la Mujer, Araceli Martínez, antes de comparecer en las Cortes para dar cuenta del Informe de la Ley de Prevención de Malos Tratos y Protección a las mujeres maltratadas correspondiente al año 2017.


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De otro lado, ha informado de que la Línea Telefónica de Urgencias 900 100 114 -servicio que presta información y asesoramiento homologado de manos de profesionales especializados en violencia de género- recibió el pasado año 6.347 llamadas relacionadas con la violencia machista bien directamente por la víctima, profesionales o personas del entorno de la víctima de violencia de género para recibir información.

Los centros de la mujer atendieron en 2017 un total de 97.701 consultas, de las cuales aproximadamente 20.000 (el 20 por ciento) han estado relacionadas directamente con la violencia de género, mientras que los recursos de acogida atendieron a 254 mujeres y 259 menores.

MENORES VÍCTIMAS DE VIOLENCIA DE GÉNERO



En relación a los menores víctimas de la violencia de género, a través del programa de atención psicológica especializado para este grupo han sido atendidos 175 menores (81 niñas y 94 niños).

El hecho de que haya más niños que niñas participando en este programa se debe a que en ocasiones, por parte de las familias y, especialmente, a las madres que son víctimas de la violencia de género, cuesta más detectar las consecuencias de la violencia de género sobre sus hijas menores que sobre sus hijos menores.



Según ha alertado, la violencia de género también se transfiere intergeneracionalmente y “es muy probable” -ha dicho- que niños que han presenciado violencia de género en su caso también desarrollen conductas similares a las del agresor. En este caso, ha recalcado, se detectan “muy bien” y participan en el programa.

Sin embargo, ha indicado Araceli Martínez, los roles de sumisión y de obediencia que tienen muchas víctimas de violencia de género “los adjudicamos como una conducta normalizada entre las mujeres y no los asociamos a que es una consecuencia de la violencia de género”.

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