El 15 de mayo es una fecha histórica desde que en el año 2011, se produjo el germen de un movimiento sin precedentes. Las imágenes de las plazas llenas en diferentes ciudades dieron la vuelta al mundo y la Puerta del Sol fue el gran símbolo y la chispa que prendió la mecha. Pero las acampadas y asambleas se extendieron rápidamente a toda España y Castilla-La Mancha no fue una excepción.

En la capital castellanomanchega el escenario principal fue la Plaza de Zocodover. «Teníamos claro es que el modelo de sociedad no funcionaba. El modelo político no era lo que nos habían vendido», señala Helena Galán. En sus recuerdos de aquella plaza destaca el poder a ver a decenas de personas hablando de cualquier causa social. Y destaca la visibilidad que empezaron a tener situaciones como los desahucios. «A mí me chocaba que hubiera desahucios en Toledo», afirma.

Galán, sanitaria de profesión y activista por la sanidad pública, considera que las acampadas del 15-M permitieron conocer lo que se estaba haciendo en diferentes espacios para compartir luchas. «Fue el germen para lo que ha pasado después. Hubo un resurgimiento de las mareas por la sanidad o la educación, sirvió para que la gente se politizara», destaca.

Días después del estallido del 15-M, María Dolores de Cospedal se convirtió en presidenta de la región. Era la primera vez que el PP gobernaba en Castilla-La Mancha, y Galán recuerda unas palabras de la exlíder regional. «Dijo que si queríamos gobernar, teníamos que entrar en política. Y lo hicimos», afirma. Galán participó en Podemos y la pasada legislatura fue concejal en el Ayuntamiento de Toledo.

«NO SE HA APRENDIDO NADA»

Sobre las enseñanzas del movimiento, Galán considera que «no se ha aprendido nada, aunque sea triste decirlo». «Nos dimos cuenta en las instituciones que destruir se hace muy fácil pero construir se tarda más. Fuimos unos incrédulos», afirma. En todo caso señala que «se fraguó una semilla que sigue creciendo». «Demostramos que si nos organizamos podemos, que somos capaces de hacerlo».

Por su parte, para Gonzalo Domínguez las palabras que le vienen a la cabeza sobre el 15-M son «ilusión» y «compañerismo». «Necesitábamos escuchar y hablar. Teníamos una sociedad muy harta y nos sirvió para darnos cuenta de que la política la podíamos hacer gente de la calle», afirma.

Para él, esa parte sí sirvió. «Pero los temas más importantes no se han conseguido, Podemos no ha resuelto los grandes problemas de desequilibrio de poder», destaca. Entre los logros concretos del movimiento apunta a poner encima del debate público asuntos como los desahucios. «A raíz de eso una generación comenzó a participar en movimientos sociales o en política institucional», añade.

Domínguez considera que sí que se ha acabado un ciclo en lo político e institucional pero prefiere no asociar la salida de Pablo Iglesias con ello ni con lo que se aprendió del 15-M. «Vienen tiempos difíciles», apunta respecto a cuestiones como los recortes. «Deberíamos aprender de lo que pasó y centrarnos en lo importante», concluye.

LA PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN SE LLENÓ EN ALBACETE

«Me acuerdo mucho de la sensación de despertar de la gente», afirma Susana Colmenero, participante en el 15-M en Albacete. Allí la Plaza de la Constitución fue el espacio elegido. Ella, que ya participaba en movimientos sociales, destaca en su relato la cantidad de gente «nueva» que salió a la calle. «Se venía a aprender, escuchar, intercambiar y aportar con espíritu abierto. Las primeras semanas fueron muy emocionantes», afirma.

Sobre lo que provocó a corto y medio plazo el 15-M, Colmenero destaca el lanzamiento de la plataforma ‘Stop Desahucios’, se reforzaron otras plataformas y movimientos sociales y todo ello cristalizó en grupos políticos como Equo y Podemos. Colmenero comenzó a militar en la formación ecologista. «La gente comenzó a hablar más de política en los bares y calles».

Su opinión sobre que se pueda volver a repetir algo parecido es pesimista. «El coronavirus nos ha puesto en bandeja cambiar nuestro sistema económico. Podíamos haber reiniciado con una forma distinta. No lo hemos hecho», afirma. En todo caso, destaca que todo aquello sí sirvió. «No cambiamos el mundo pero sí cambiaron muchas cosas. El hecho de que la gente se politizara es importante. Siempre que haya habido una sola persona que haya entendido que los bancos no nos van a salvar la vida, el esfuerzo ya ha merecido la pena».

Carlos Navarro era estudiante de Medicina en 2011. «Fue algo muy emocionante, significó pensar que era posible cambiar las cosas», afirma sobre su experiencia. Destaca también el reforzamiento de movimientos como el anti-desahucios. «El 15-M determinó una forma concreta de hacer las cosas. Es muy difícil definir qué fue el 15-M y qué no lo era. No se materializó tanto en cosas concretas sino en una forma de participar en el tejido social», añade.

Para el albaceteño «el tablero político de ahora sería inexplicable sin el 15-M», tanto por los partidos que surgieron al calor del movimiento como las «reacciones contrarias». Y cree que «mereció la pena». «Veníamos de una época muy dura. Hubo un malestar generalizado, estaba claro que eran los de arriba contra los de abajo», afirma. Un problema que, según su punto de vista, se sigue produciendo ahora en el contexto de la pandemia. «La gente se está aprovechando de esta situación para seguir perpetuando su poder», considera.

CIUDAD REAL ELIGIÓ LA PLAZA MAYOR

«El 15-M me devolvió las ganas de pelear y de hacer cosas en la sociedad y en la política», destaca Jorge Fernández. Abogado de profesión, ya era militante de IU en aquellas fechas. La pasada legislatura fue concejal en el Ayuntamiento de su ciudad dentro de la candidatura Ganemos.

La Plaza Mayor fue el lugar elegido en la capital de la provincia. Para Fernández, con el 15-M se eliminaron muchos prejuicios. «Muchos grupúsculos que hacían activismo social que no se habían hablado en la vida empezaron a organizarse para buscar objetivos comunes». Reconoce el ciudadrealeño el desgaste que fue sufriendo el movimiento. «Un movimiento que venía a criticar el ‘statu quo’ era inevitable que fuera criticado y temido. Se usaron los recursos del miedo y términos peyorativos», comenta.

En lo concreto, considera Fernández que sirvió para impulsar movimientos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que no existía en Ciudad Real antes del 15-M, o las Marchas de la Dignidad. Y otros relacionados con la economía social o el ecologismo.

«El 15-M fue un momento de impugnación del modelo socio político y abrió un nuevo ciclo. Es indudable que tuvo muchas repercusiones en la vida social y política del país. Si no hubiera existido es posible que estuviéramos peor de lo que estamos y no se hubieran dado experiencias políticas y sociales que creo han favorecido a los objetivos primigenios del 15-M», reflexiona.

Carmen recuerda perfectamente la noche en la que la gente se echó a la Plaza Mayor. No se quedó a dormir pero estuvo hasta bien entrada la madrugada. Antes de irse a trabajar llevó el desayuno a las personas que habían pernoctado. «Lo recuerdo con mucha emoción porque fue un acto que nunca habíamos visto en la ciudad», afirma.

Para ella, con el 15-M mucha gente «aprendió a escuchar» y a que «todas las personas tenían el mismo nivel, fuera un doctor en física o una trabajadora de la limpieza». Para ella, el esfuerzo mereció la pena especialmente por el revulsivo que supuso, en su caso, para la lucha feminista en la ciudad o cómo el partido Podemos supo recoger alguna de las necesidades surgidas. «Sí podemos sacar muchas reflexiones de lo que pasó», remata.

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