A estas alturas del partido, no necesitan ustedes que alguien les diga que no estamos bien. Aún portamos las mascarillas (primero los temas de salud). Por si esto no fuera suficiente, en los últimos doce meses los precios crecieron un 9,8 por ciento; la competencia en el sector de la energía y de los carburantes sigue sin llegar; hay revuelo en la educación (ahora que ya tenemos currículo estatal de secundaria); la guerra, que no cesa (ni tiene visos de hacerlo); el frío (y el gasto en calefacción) continúa entre nosotros; el déficit contributivo de la Seguridad Social, sólo en 2021, se sitúa en los 30.000 millones de euros y la deuda pública equivale aproximadamente al 122 por ciento del PIB (todo lo que ganamos entre trabajadores y empresas en todo un año no llega para pagar lo que se debe).

Dirán que les he arreglado el domingo, aunque apuesto a que todo lo anterior ya lo sabían. Son, principalmente, los datos más actuales de nuestra economía. Y son malos. A todos nos gustaría que desaparecieran o que no se extendieran demasiado en el tiempo. Sin embargo, no venía a hablarles de lo reciente sino de lo que parece que nos mantiene en una especie de muerte lenta desde hace, ya, demasiados años: la economía real.



La economía real

Horas efectivas semanales, PIB real, ocupados y activos. Economía española.

No es muy complicado. Basta echar un vistazo a la figura que les adjunto. En ella se incluye información sobre las horas efectivas semanales, trabajadas por los ocupados, el PIB real, los propios ocupados y los activos. Están referidos, todos ellos, a nuestra economía, desde el año 2008 hasta 2021.

Los datos se han transformado para que su valor sea igual a 100 en el año 2008. De esta manera, podemos evaluar cuánto han aumentado (o disminuido) a lo largo del tiempo. ¡Cuidado! cuando una línea está por encima de otra no quiere decir que su valor sea superior. Únicamente significa que ha crecido más, desde su nivel inicial.


Vinícola de Tomelloso

En cuanto a las variables seleccionadas, tenemos al PIB (Producto Interior Bruto) que no es más que la cuantificación de lo que producimos como país en un año. La magnitud está calculada a precios constantes (es decir, la inflación está descontada). Otra variable son las horas semanales trabajadas por los ocupados y, por último, hemos incorporado el número de ocupados (personas que trabajan) y el número de activos (personas que están en edad de trabajar y que pueden trabajar o no). Pues bien, comprobarán que:

  • Tenemos los mismos activos que en 2008 (¿no sería deseable tener más?)
  • A pesar de tener los mismos activos que hace 13 años, contamos con un 3,5 por ciento menos de personas trabajando.
  • Las horas efectivas semanales trabajadas han caído aún más (11 por ciento menos que hace 13 años).
  • En cuanto a lo que somos capaces de producir (o a las rentas que somos capaces de generar), estamos al nivel de 2008 (¡trece años y no hemos crecido nada!)

Esto es lo que hay debajo de las alfombras ¿A qué esperamos para sacudirlas? Exijamos a nuestros políticos altura de miras. Exijámonos, a nosotros mismos, altura de miras para exigirles a ellos.



Estas líneas están inspiradas en la impecable conferencia que impartió Jesús Fernández Villaverde el pasado 31 de marzo de 2022 en la Fundación Ramón del Pino. La encontrarán en Internet y les recomiendo, encarecidamente, que la vean.

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