La calle es el lugar del diálogo, el lugar donde uno convive, habla y escucha, mira, percibe y siente. El diálogo es un sano ejercicio de encuentro, que busca la expresión de vivencias, el intercambio de ideas y la aceptación de las diferencias.

Los ginecólogos de Toledo objetan contra el aborto

Pero, desde el año 2010, con la aprobación de la Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, el debate del aborto quedó zanjado, para muchos, y condenado al ámbito de lo privado. Curiosamente, coincidiendo con el dramático inicio de la guerra, que enfoca nuestra atención sólo en esta tragedia, el Gobierno pretende “avanzar” en este cuestionable “derecho”, penalizando a las personas que rezan “en las proximidades” de los centros que realizan abortos, rebajando la edad legal para abortar de los 18 a los 16 años, sin el consentimiento paterno, y ofreciendo el aborto en todos los hospitales públicos, incluso en los que, como en el de Toledo, todos los ginecólogos objetan a esta terrible práctica.

El debate del aborto se cerró en falso. Cuando los avances científicos y tecnológicos nos demuestran evidencias sobre el desarrollo embriológico, como la existencia del latido del corazón del embrión a los 22 días, que un feto puede sentir dolor a las 12 semanas de gestación o que a partir de la semana 23 el feto puede considerarse viable, no podemos pensar que un aborto, llamado eufemísticamente “interrupción voluntaria del embarazo”, es un acto quirúrgico sin importancia, del que no se puede hablar porque es “únicamente una decisión de la mujer”.

Es una gran paradoja de la que ya nos alertó nuestro escritor Miguel Delibes: el progresismo, cuyas causas pretendieron siempre la defensa de los más débiles, eliminaba la protección de la criatura humana no nacida, legalizando su aniquilación. Un humanismo opuesto a la tesis de un progresismo que argumenta el avance, contradictoriamente, yendo en contra del más débil.

  • Vinícola de Tomelloso

La pandemia del aborto

Algo muy grave está pasando en nuestra sociedad cuando, habiéndose constatado científicamente que la vida de mi Bebé, de nuestro Hijo, de su Sobrino o Nieto, comienza en el momento de la concepción, se “produce” un número tan impresionante y aterrador de abortos. Si extrapolamos los datos del Ministerio de Sanidad, 90.000 abortos cada año, en Castilla-La Mancha se producirían 4.000 abortos, de los cuales 400 serían de chicas menores de 19 años. Desde el inicio de la pandemia por COVID en marzo de 2020 España ha registrado un total de 99.000 fallecimientos. Pero nadie habla de la pandemia del aborto.

Desde el 2 de marzo hasta el 10 de abril, varios centenares de toledanos llevarán el debate del aborto a la ciudad de Toledo, con su silencio, su oración y su compromiso firme de que “algo hay que hacer” para que el aborto termine en este país. Durante toda la Cuaresma, cientos de voluntarios de “40 Días por la Vida” rezaremos en la confluencia de las calles Méjico y Maestros Espaderos, en el barrio de Santa Teresa, para que un día la luz de la conciencia, y del verdadero progreso a favor de la vida, sea más fuerte que la indiferencia ante una verdad demostrable, y así ninguna mujer tenga que “optar” por el aborto. Ese día, la vida del Bebé vencerá, la maternidad vencerá, todos habremos vencido.

Iniciativa internacional en Toledo

Por segundo año consecutivo, y con un crecimiento exponencial de voluntarios, llega a Toledo esta iniciativa internacional “40 Días por la Vida”, en la que cualquier persona puede ser partícipe en “el comienzo del fin del aborto” y sumarse a las vigilias o cadenas de oración pacífica que tendrán lugar de ocho de la mañana a ocho de la tarde de manera ininterrumpida durante 40 días. 

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