Viniendo de Belmonte, de Carrascosa de Haro o de La Alberca de Záncara, Rada de Haro se aparece como un minúsculo oasis a la espalda de cualquier atisbo de civilización, en mitad de un cruce de caminos que atraviesa La Mancha de noroeste a sureste, revelando secretos y humedales más de antaño que de ahora.

He recorrido buena parte de sus calles y plazas. Están limpias, bien acondicionadas, con un respeto casi reverencial por lo que fue, pero sobre todo por lo que quieren llegar a ser. Vías largas, anchas en ocasiones, que atraviesan el pueblo y muestran sin pudor sus recovecos.

Adoro recorrer estas pequeñas localidades en días nublados, con alguna gota a destiempo, el cielo encapotado, el frío atravesando las capas de mis ropas de abrigo y la soledad como única compañera. Es la mejor manera de descubrir, y conocer, esos menudos tesoros que son las vidas y futuros de cada lugar. Tengo claro que la primavera y el verano muestran realidades maquilladas, tal vez demasiado, y aspiro a ver lo que hay, no lo que deseo que haya.

Rada de Haro, un rincón para pensar

Entre colinas varias, Rada extiende sus calles en una especie de agradable sube y baja, sin estridencias, como pidiendo perdón por tener que esforzarnos en algún repecho, poco pronunciado. En contraposición su gente, que no es mucha pero la hay, se muestra amable, comunicativa, con ganas de hablar y contar, tal y como he comprobado nada más llegar, a la entrada.

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Varios trabajadores del centro de acogida para menores llegados solos a España charlan animadamente, sin prisas. Supongo que algún cigarrillo ha caído y se disponen a continuar con su labor. Nos saludamos y me preguntan. Les sorprende mi gusto por el turismo en el corazón de la despoblación pero lo agradecen; siempre es mejor conocer la realidad de primera mano que dejarse convencer por las líneas editoriales sensacionalistas que quieren dar voz a sus intereses en forma de titulares espurios.

Rada de Haro, un rincón para pensar
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Les pregunto por su experiencia con los mal llamados MENAS. «Muchos que hubiera», me responden. Me cuentan cómo es la adaptación de los chicos, sus ganas de aprender, su enorme sacrificio, su bondad, el esfuerzo que le ponen a la construcción de su nueva vida… y los definen con dos conceptos: trabajadores y buenas personas. No es que me descoloque mucho. A mí no, pero tal vez sería necesario que [email protected] de [email protected] que enarbolan discursos de odio se pasasen por aquí y vieran esta realidad que es, sobre todo, sincera. Y se muestra desnuda. Porque quien me lo dice es alguien de Rada que ha vivido siempre allí y ha sido testigo del lento vaciado del pueblo. «Si no fuera por ellos, no habría nadie aquí». Ahora, además de ellos, han llegado dos o tres familias. No me detalla problemas ni conflictos; sólo me manifiesta un enorme agradecimiento.
Le he dado las gracias por la charla y la información y le comento mi intención de recorrer el pueblo.»No hay mucho que ver pero se agradece la visita. Espero que te guste». No se lo digo pero no es la primera vez que vengo a Rada de Haro. Para mí es como ese lugar arcano al que huyes cuando necesitas esconderte, el armario de Narnia que se abre a un nuevo mundo a apenas 15 minutos de casa.

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Siempre me llaman la atención las iglesias de los pueblos. Su arte y su tamaño cuentan muchas cosas del pasado. Y Rada debe tenerlo a raudales, a juzgar por la monumentalidad de su templo. Me parece enorme en comparación con la cantidad de personas que residen. Y aún así, no creo que la totalidad sea asidua dominguera a los sermones del pastor titular.

Rada de Haro, un rincón para pensar

El panel informativo del Grupo de Acción Local ADI Záncara me dice que el culto está dedicado a la Virgen de la Asunción y que su construcción data del siglo XVII, sobre los restos de la antigua iglesia, que pudo ser Románica o protogótica. Una construcción que se derribó porque ¡resultaba pequeña para la gente que residía! Me parece una broma de mal gusto, casi obscena. Si seguimos un planteamiento similar no quiero imaginar qué tocaría ahora… ¡Y en cuántos pueblos!

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Me gusta mucho el arte pero entiendo lo justo, aunque reconozco en la iglesia una planta de cruz latina con una bóveda de crucero (¡ay!, mis clases de arte de COU) y un exterior donde parece verse, sobre la puerta, la imagen de una Virgen en piedra. El Sr. Google me lo confirma. Una vez más pienso en la excelente cobertura que tienen nuestros pequeños pueblos. ¡Chúpate esa, medio urbano! Aquí también llega Spotify. ¡Y no se corta! ¿Quién dice que no se puede teletrabajar en la España no vaciada?

Mi paseo hacia el coche me lleva a atravesar, nuevamente, todo el pueblo. Esta vez por un itinerario diferente. No oigo televisores en las casas sino conversaciones. Me gusta. Hay vida. Las palabras tranquilas traspasan las fachadas y llenan las calles de diálogos y murmullos, algo lejanos, y algún cuchicheo a mi paso. Imagino a las mujeres mayores, tras el reflejo del cristal, descorriendo levemente las cortinas para ver quién anda sus calles y telefoneándose entre ellas advirtiendo de la presencia de un extraño -en este caso, yo-. Es una costumbre extendida en los pequeños pueblos. Cuando hay algo anormal, por leve que sea, se avisa. Se llama autoprotección, o instinto de supervivencia. Y sí; a ti que estás leyendo esto también te pasará si te adentras en estos territorios. Por un momento la «amenaza fantasma» serás tú.

He aparcado mi utilitario a la entrada del pueblo, en el parque aledaño al pequeño nudo de carreteras que acoge Rada. Es un paraje sencillo, precioso, de piedra y verde, y enormes árboles que ofrecen sombra abundante. Me parece un regalo para quiénes decidimos dejarnos caer por allí.

Rada de Haro, un rincón para pensar

Los pueblos que optan por adecentar sus entradas son dignos de encomio. Es una especie de saludo con el que mostrar respeto a los visitantes. Un «[email protected]» distinguido, cargado de simbolismo y agradecimiento. Y como de bien nacidos es ser agradecidos, este pequeño rincón manchego lo es en su totalidad, a decir de su encare primero, con ese parque tan coqueto y un añadido reciente de ADI Záncara: un llamativo graffiti quijotesco que refiere las bondades de nuestros pueblos. Un mensaje claro y directo con el que el medio rural se revela. ¡Qué gran labor de promoción local hacen los Grupos de Desarrollo Rural!

Rada de Haro es un rincón silencioso, cálido de formas y gentes. Agradecido con quienes les visitan y con aquéllos que lo eligieron como origen de su nueva vida. Con un pasado que salvaguardar, sin duda. Y con un presente expectante que, de seguir así, cimentará un gran futuro para [email protected] Tal vez se llame Paco, Ahmed, María o Yusuf, ¡qué más da! Importan las buenas personas y su compromiso.

Es como para aprender y pensarlo.

Rockero, progresista y madridista (anti Zidane). Politólogo, apasionado del medio rural y del análisis político. Padre y esposo a tiempo completo. De Tresjuncos.

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