Menudo año llevamos. No me digan que no. Y el caso es que, sin darnos cuenta, hemos cambiado hábitos (¿no me diga?). Me refiero a la sana costumbre de pagar nuestras compras diarias (el que paga descansa y el que cobra, más). Sí, también en esto las cosas son distintas. El año pasado, maldito 2020, mantuvimos las distancias con los cajeros automáticos. Y si no me creen, miren las estadísticas.

Claro que no estaba el horno para bollos. Meses sin salir de casa, apenas para hacer la compra una vez por semana, tensos y desconfiados, tirando del contactless y sin billetes de por medio, preguntándonos si el covid sería capaz de aguantar entre algodones, agazapado en los billetes de euro.

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El verano nos dio un respiro y algo pagamos tirando de billetera, pero el caso es que sabemos que tenemos euros porque nos lo chiva la pantalla del móvil al conectarnos al banco, no porque veamos muchos de veinte, o de diez, o de cincuenta.

Eso será cosa de las noticias, piensa uno mientras escucha el tintineo de las monedas en el bolsillo. ¿Están ustedes seguros? ¿Por qué no hacemos cuentas? Les propongo que llamen a sus hijos con la excusa de un trabajo de instituto. No se apuren, familia. Les vendrá bien. Pasarán un buen rato con ellos, incluso intercambiarán alguna que otra palabra y no les verán mirar el móvil. La cosa promete ¿verdad? Vamos a ello.

Miren. Van a conectarse a la banca online. Háganlo un sábado por la tarde, después de comer. Recuerden que su vástago adolescente está interesado (le han prometido un punto extra en la evaluación). Accedan a su cuenta corriente (tapen la contraseña; no tienen por qué saberlo todo) y comienzan a descargar extractos mensuales, desde enero del diecinueve hasta diciembre del veinte. Ahora viene lo mejor.

—Enero del diecinueve. Venga, deja el insta y anota el saldo inicial. A uno de enero teníamos… tantos euros. Ahora, ve al final del extracto. A treinta y uno, tanto. ¿Tienes los saldos? Pues calcula la media (el saldo medio, como dice el profesor).

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—Ya está —dice nuestro adolescente, satisfecho. —Ahora toca contar las retiradas de efectivo.

—Pues adelante. Ve apuntando. Veinte, cien, cuarenta, ciento veinte, …

Anotar, anota, pero aprovecha y, de paso, mira línea a línea los cargos, los ingresos, recibos, pagos, transferencias.

—¡Madre mía! ¡Sí que se paga! —exclama, con asombro.

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El ser que suele atrincherarse en el mejor sofá de la casa, después de expoliar el frigorífico (no sin queja previa) y que, rara vez, aparta la mirada del móvil, abre los ojos y se pregunta si es normal que, todos los días, caiga algún que otro recibo.

—¿Has anotado todas las retiradas de efectivo? —preguntan ustedes, deseosos de consultar el próximo mes.

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—Sí. Ya lo tengo. En enero del diecinueve, se retiraron del cajero trescientos veinte euros. Y, como el saldo medio era de… (tanto), resulta que mantuvimos en efectivo el… por ciento de nuestro depósito. ¡Qué poco! ¿no?

(no se apuren, que los cálculos son sencillos. Vean el siguiente ejemplo: en un mes en el que mantuvimos, como media 1 945,65 euros en cuenta corriente y dispusimos de 250 euros, nuestro coeficiente de efectivo, si dividimos 250 entre 1 945,65, fue del 12,85%)

Ya les veo aguantando el tipo y apretando los dientes. También les parece poco. Y aún se sorprenderán más cuando analicen los extractos de los meses más duros de dos mil veinte. Cuenten, cuenten. Y comparen con el dos mil diecinueve. Ustedes y sus hijos se mirarán de reojo. ¡Qué poco efectivo usamos el año pasado en comparación con 2019! Ya tienen el trabajo del instituto hecho (y un punto extra en la evaluación). Y, de paso:

Han hecho algo juntos (toda una proeza en esta etapa de la vida), han desnudado el día a día financiero de su hogar para que sus hijos lo vean, en bruto, descarnado, tal y como es. Han logrado que sean conscientes de lo difícil que es estirar un sueldo, un subsidio, un ERTE o un cese de actividad para cubrir las necesidades. Les han mostrado, sí, ustedes, lo que es administrar un hogar, apunte a apunte, extracto a extracto.

Y ahora ya tienen algo más de lo que hablar. El dinero es, la mayor parte del tiempo, depósito y sólo vemos algo del mismo, en contadas ocasiones. Díganme ¿no les parece una buena lección de educación financiera? Si están conmigo, ¿a qué esperan? Consulten esos extractos en compañía de sus adolescentes.

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