Mucho se habla en estos últimos meses de la España vaciada o España vacía o España rural. A mí me gusta denominarla como la España de las oportunidades. Esa querida parte de España, en la que vive tan solo un 20% de la población, aunque ocupa el 90% del territorio y donde esa población está muy envejecida y cada vez más disminuida, no solo por la emigración sino por la tasa de reemplazo ya que de los 2,1 hijos que se estiman como tasa de reemplazo, en la última década, según las cifras del INE, nunca hemos llegado al 1,4 hijos por mujer y el último año, con la pandemia de COVID-19, el índice fue peor, con una tasa de 1,18, el dato más bajo de la serie histórica, tasa que se incrementa en la España rural donde predomina la población envejecida.

El medio rural español se siente abandonadopor las distintas Administraciones y lo que reclaman son: mejores trenes, mejores carreteras y caminos, mejor atención primaria sanitaria, más retribución por su producción agrícola y ganadera, acceso a internet y telefonía móvil de calidad y, desde luego, un suministro eléctrico de calidad en el que no haya apagones eléctricos de varias horas ya que este suministro es imprescindible para mantener la seguridad de una población envejecida y para plantear cualquier proyecto de desarrollo del medio rural.

Resulta llamativo que con los índices de cálculo de la calidad de suministro (art. 51 de la Ley 24/2013, de 26 de diciembre, del Sector Eléctrico y el Real Decreto 1955/2000, de 1 de diciembre) para determinar los índices objetivos de calidad del suministro eléctrico, así como los valores entre los que estos índices puedan oscilar, a cumplir tanto a nivel de usuario individual, como para cada zona geográfica atendida por un único distribuidor, resulta curioso, decimos, que un pueblo que sufre apagones de 6 horas y media en un solo día (caso de Villamayor de Calatrava en la provincia de Ciudad Real, el día 28 de noviembre de este año 2021, como consecuencia del pésimo servicio realizado por Unión Fenosa Distribución del Grupo Naturgy) resulte que está muy por debajo de los índices que utiliza la Administración para medir la calidad, de forma que los números dicen que el suministro eléctrico es de “calidad” y la realidad lo desmiente con casos como el citado antes.Los índices utilizados para medir la calidad del suministro eléctrico son el TIEPI (continuidad del suministro y por la duración de las interrupciones) y el NIEP (número de interrupciones) que para el caso de Villamayor dan una “calidad excelente”, por lo que cabe preguntarse: ¿quién engaña a quién?: Si la calidad es tan buena ¿Por qué se dan estos apagones cada vez que las condiciones meteorológicas son un poco adversas? ¿Están mal planteados los índices de cálculo o los datos se amañan? En cualquier caso, consideramos fundamental no solo la revisión del método de cálculo de la calidad para detectar la eficiencia del suministro, sino, sobre todo, revisar/reponer las líneas de suministro y centros de transformación por las compañías distribuidoras bien por iniciativa propia o bien por exigencia legal de las administraciones.

Hay algo que cualquiera entiende: A igual pago, igual servicio. Así debería ser. No es tolerable que si en un pueblo se paga la luz igual que en una capital que los del pueblo tengan que soportar horas y horas de apagones que, en una capital, serían inconcebibles. ¿Por qué no se obliga a las compañías eléctricas a reinvertir sus pingües y mil millonarios beneficios anuales en mejorar sus redes de distribución? ¿Por qué no se bonifica la luz a los habitantes de los pueblos si reciben peor servicio?

  • Vinícola de Tomelloso

Hemos de tomar conciencia de que esa España vaciada o de las oportunidades, sin embargo, es la que produce frente a las ciudades que consumen no solo productos alimenticios sino energía: según Red Eléctrica Española (REE) hay un profundo desequilibrio territorial entre quien produce la energía y quien la consume. Concretamente, el % de producción de la energía que se consume por Comunidades Autónomas nos muestra que mientras la de Madrid solo produce un 4,8% de la consumida; Extremadura produce un 423,1%; y Castilla-La Mancha un 188,3%, siendo las CC.AA. más pobladas (Andalucía, Valencia, Baleares, Madrid, Cataluña, País Vasco) las que no son autosuficientes en energía eléctrica. Es decir, hay Autonomías consumidoras y autonomías exportadoras, sin perder de vista que España importa de otros países el 70% de la energía que consume.

La pandemia de COVID-19, en tantos aspectos tan trágica, despertó muchas expectativas para esta España vaciada o de las oportunidades al ser lugar de atracción para todos aquellos que podían teletrabajar y le resultaba problemática su vida en la ciudad o les facilitaba la conciliación familiar, pero este proyecto ha sido más un deseo y una expectativa que una realidad. Sin olvidar las dificultades de la conexión a internet (71% del mundo rural tiene acceso a la fibra óptica) y a la red eléctrica -por los frecuentes y largos cortes de luz- derivados del deficiente estado de las redes eléctricas en el mundo rural, que no hacen nada fácil el teletrabajo.

Cómo final, si la red eléctrica es un medio de conexión de la España vaciada entre sí y de esta con las grandes ciudades, exijamos con el Foro para la Electrificación que “La disponibilidad de energía eléctrica en cualquier entorno rural nos permita mejorar nuestra calidad de vida, acceder a la tecnología y estar conectados para trabajar. Por ello, un aumento de la electrificación puede ayudar a solucionar el problema de la España vaciada o de las oportunidades, porque hablamos de una actividad que tiene presencia en todo el territorio, gracias a unas infraestructuras de redes que llegan a todos los pueblos de España”, eso sí, redes en buen estado y con calidad.

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