Fue el pasado sábado, mientras veía en una televisión generalista un programa sobre desarrollo tecnológico en nuestro País, que me asaltaba el vértigo reflexionando sobre las diferencias abismales en la situación por la que, a día de hoy, atraviesan unos españoles u otros.

Y no atendiendo de forma exclusiva a la Comunidad Autónoma de residencia. Que tiene “bemoles” que en pleno siglo XXI las oportunidades laborales o académicas no sean las mismas para un joven que viva en Madrid, en Barcelona o en Extremadura. O que una persona dependiente tenga diferentes tipos e intensidades de prestaciones y ayudas en función de vivir en País Vasco, en la Comunidad Valenciana o en Castilla-La Mancha. Ni tan siquiera que haya Comunidades con un gran desarrollo de sus infraestructuras mientras que en otras llevamos décadas instaladas en el anuncio y en la inacción.

Pero esto sólo por poner varios ejemplos. Porque también podríamos hablar de diferencias en la voracidad para recaudar impuestos, en la imposición de trabas burocráticas para emprender, en los impedimentos por cuestión del uso de las lenguas cooficiales… y así un largo etcétera. Pero, entonces, me desviaría del objetivo de estas líneas.

Sí pensaba yo, sin embargo, en la España de las múltiples velocidades. Esa España que se nos anuncia que está saliendo de forma acelerada de la crisis económica y como para muestra un botón, ya se encargan de mostrarnos imágenes de playas a rebosar, buenos datos de ocupación hotelera y atisbos de recuperación de las cifras de empleo a niveles de pre-crisis. Pero a lo que no se hace alusión es a que muchos sectores de la población se encuentran, literalmente, con el agua al cuello.

Y para dar una sensación de mayor contundencia de lo bien que está nuestro País, desde el Ejecutivo central plantean para el año próximo unos Presupuestos Generales con un aumento del gasto público inaudito a poco que uno camine sobre el suelo. Unos Presupuestos dónde lo de menos es quién se va a encargar de pagar tamaño estipendio.

Nadie en su sano juicio -permítame el lector esta expresión- estaría en contra de potenciar mejoras en losservicios públicos, aumentar la calidad de vida de los españoles e incluso alcanzar cotas aceptables de solidaridad entre Comunidades Autónomas tal y como marca nuestra Constitución.

Pero en aras de conseguir cumplir con el supuesto objetivo de la justicia social y la redistribución de la riqueza, la “progresía” que se aposenta hoy en Moncloa olvida que lamina el desarrollo económico presente de nuestro País e hipoteca el futuro de nuestros hijos.

Porque más allá de sus cálculos en términos macroeconómicos, lo que se les está escapando es bajar a pie de calle y experimentar la dificultad que tienen familias y empresas para asumir que hoy la luz se paga 6 veces más cara que hace un año, que los combustibles se han incrementado a lo largo de este ejercicio un 21%, que la cesta de la compra aumenta día tras día, que el precio de las materias primas está literalmente desbocado, que el crecimiento de los datos del empleo no es el esperado ni mucho menos el necesario, que no se puede demonizar al ahorrador y que la intervención en mercados como el de la vivienda es lo contrario al desarrollo y a la libertad de la oferta y demanda. Sólo por dar algunos datos.

Si desde luego el Gobierno de PSOE y Podemos quiere incrementar la desigualdad entre españoles y hacer una España a múltiples velocidades, está yendo en la dirección correcta.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here